Me recuerdo que en el colegio no me gustaba escribir ensayos. Nunca sabía cómo empezar y sentía que eso de escribir no era lo mío. Publiqué mi primer post en el 2011, aún recuerdo lo nerviosa que estaba y esa inseguridad que sentí al darle click al botón de publicar.

De la nada quise empezar a escribir, el estar lejos de casa y sintiéndome sola en algunos momentos fue una excusa para empezar mi blog. En aquel entonces los blogs estaban empezando, no muchos sabían qué era o para que la gente escribía. Yo lo veía como una terapia gratis.

Me enamoré de la plataforma al instante. Me gustaba la idea de crear una comunidad en donde pudiéramos hablar y desahogarnos de algún tema. Y aunque escribí por miles de razones durante diferentes etapas de mi vida, mi pasión por escribir no ha cambiado.

En el 2012 empecé a escribir para encontrar a personas como yo.

Una combinación interesante es estar al otro lado del mundo, vivir sola y estar en tu primer año de la universidad estudiando en un idioma diferente. Crear una amistad con alguien y sentir que era parte de una comunidad era algo que buscaba. Me sentía sola y fue mi blog el que me ayudó a empezar una conversación con alguien que conocía por primera vez para darme cuenta que nuestros gustos eran muy similares.

En el 2013 escribía para encontrar personas diferentes a mí.

Y de la nada vivía en una burbuja. Me di cuenta que en mi sección de comentarios las personas que comentaban eran como yo. Me di cuenta que muchas de las personas que me rodeaban tenían gustos muy similares a los míos y quise explorar otros puntos de vista y conocer a más gente de diferentes países con diferente cultura. Eso me hizo ver el mundo de diferente manera.

En el 2014 escribía para aprender a escribir mejor.

Ya llevaba un par de años escribiendo y me di cuenta que se había vuelto una parte de mí, una de mis pasiones que descubrí a principios de mis veintes. Había descubierto esto de bloguear y sentía que era un mundo mágico. Empecé a contactar a revistas y periódicos de Taiwán y de Guatemala para lograr publicar algunos de los artículos que tenía guardados en mi disco duro. Con esfuerzo logré tener mis propias columnas y espacios editoriales para una revista de España y para uno de los periódicos más reconocidos en Guatemala. Escribía para escribir.

En el 2015 escribir fue mi terapia.

En este año me gradué de la Universidad y regresé a Guatemala. Me sentía desubicada y volver a vivir con mis papás fue muy raro. Fue una etapa muy dura porque recién graduada y no tener un plan fue como sentirse atrapado en un laberinto sin salida. Escribía para no sentirme perdida.

En el 2016 escribía para esconderme.

Durante este año empecé a trabajar y en poco tiempo me di cuenta que trabajar para alguien más no era lo mío. No me gustaba la idea que mi esfuerzo se fuera a los bolsillos de alguien más. Renuncié a ese trabajo y con mi novio empezamos un negocio juntos.

En el 2017 escribía para descubrir.

He estado escribiendo, de alguna u otra manera, en estos últimos diez años. Escribí un ensayo de una página, el más importante que he escrito, el cual me cambió la vida y me llevó al otro lado del mundo en cuestión de semanas. Y supongo que seguí escribiendo para descubrir qué más me esperaba en la vida.

En el 2018 escribía para conectar.

El año pasado quise empezar a escribir para darle un giro diferente a mi blog. Me uní a diferentes newsletters y seguía diferentes blogs para buscar una comunidad con la esperanza de encontrar una voz diferente a la mía que me hiciera crecer durante esta etapa de mi vida, las voces llegaron unas más calladitas que las otras pero no escuchaba una melodía cuando estaban juntas. Creaban un ruido que no era agradable, y fue ahí en donde me di cuenta que la única voz que debía escuchar era mi propia voz.

En el 2019 escribo para mí.

Puede que suene egoísta, pero este año algo dentro de mí cambió. Empecé a escribir para mí. Para conectarme conmigo misma otra vez, mi propia voz, mi propia historia. Para documentar esta linda etapa que estoy viviendo de crecimiento, aprendizaje y de perdón. Para pensar en la familia que quiero crear junto con Jerry. Escribo para darme cuenta de lo importante que es estar presente con las personas que me rodean y que hacen que mi vida este llena de felicidad.

¡Feliz miércoles!